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ELEGÍA AL ESTADIO INSULAR

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20/03/2014 09:33

 

 

ELEGÍA AL ESTADIO INSULAR

 

Aunque en puridad el término elegía puede rayar en la hipérbole desmesurada al tratarse de una composición poética de género lírico en donde se lamenta la muerte de una persona o un acontecimiento digno de ser llorado y el cual se escribe generalmente en tercetos o versos libres, no es menos cierto que nuestro más hondo sentimiento visceral  nos encarna al legendario Estadio Insular como parte indisoluble de nuestras vidas y en su evolución diacrónica, hemos llegado a atribuirle un alma llena de contenido espiritual y humano.

Panorámica del Estadio Insular en la década de los cincuenta obra del popular fotógrafo "Ascanio" publicada por primera vez en el libro UD Las Palmas: Orgullo de una Antigua Herencia.

Lejos ha quedado en mi memoria cuando en los inicios de los años cincuenta acudía de la mano de mi padre, a la sazón médico colaborador de la entidad, al venerado Estadio Insular y no obstante, aún no he podido olvidar ni dejar de sentir nostálgica evocación. Ni tan siquiera he dejado de inhalar la percepción olfativa y sensorial de su verde césped  tan pronto entrábamos al recinto deportivo. De igual forma el espectáculo visual y majestuoso de las arenas del Paseo de Chill, un lugar al que denominaban La Loma, repleto de un público exultante y temerario expuesto al peligro llevado por la emoción del momento. A poca distancia lucían llenas de destelleante colorido las banderas de todos los equipos del Campeonato de Liga al vaivén del gélido viento invernal.

Transcurría la temporada 1951/52 y el equipo era dirigido por el técnico canario Luis Valle. El memorable ascenso a la División de Honor con jugadores canteranos el año anterior había propiciado una histeria colectiva que impedía ver con claridad la exacta realidad de los hechos. En aquellas fechas había distancias muy marcadas entre las categorías inferiores y la Primera División. El equipo había debido apuntalar todas las líneas adecuadamente desde el inicio de la competición. No sólo no lo hizo sino que traspasó a Manolo Montes al AT. de Madrid,  guardameta extraordinario que daba gran confianza y seguridad a la retaguardia.

Debido a los reiterados  resultados negativos y a las no muy afortunadas actuaciones de los cancerberos amarillos Pancho Viera y Juan González, la junta directiva amarilla presidida por D. Eufemiano Fuentes, decidiría reforzar la plantilla con jugadores de otra procedencia. De esta forma se perdería la filosofía y el origen absolutamente canario que acompañaría la formación del club en su gloriosa gesta inicial. El propio técnico Luis Valle en unión del directivo D. Jerónimo Mejías, se habían trasladado a Madrid para realizar las gestiones con el Club Alicante, con la finalidad de incorporar al joven guardameta Pepín. Y aquél tan idealizado Día de Reyes -6 de enero de 1952- tuvimos nuestro más preciado regalo: el debut de José Casas Gris, Pepín, en la portería amarilla, habiéndonos dejado, a pesar del tiempo transcurrido, indeleble e imperecedero recuerdo.

La foto más laureada. Ninguna instantánea en la historia del club ha sido reproducida en tantas ocasiones como la de su primer ascenso. Donde posó para  la cámara de Hernández Gil un once netamente canario.

Sin haber entrenado con el equipo y sin conocer prácticamente sus nuevos compañeros, el meta valenciano se presentaba ante la afición canaria en el Estadio Insular.

En la fría mañana de un viernes día 4 de enero del año 1952 cuando el guardameta valenciano se encontraba entrenando con su equipo, el Alicante, en el Campo de Bardín, ajeno a toda circunstancia de lo que le iba a suceder, poco antes de finalizar el entrenamiento llegaría el conserje del club alicantino apresuradamente, comunicando con urgencia a su entrenador Bañón que debía presentarse con la mayor celeridad en las oficinas de la entidad para tratar un tema de suma importancia. El técnico Bañón había sido portero del Real Madrid y mantenía frecuentes contactos  con el club merengue, prestando valioso asesoramiento sobre informes de jugadores.

Todo aquello cogió a Pepín muy de sorpresa. Por un lado, ansiaba abrirse paso en el mundo del fútbol y garantizar su porvenir. Por otro, la larga distancia era un factor a considerar.

Las condiciones económicas resultaban muy ventajosas para el jugador e igualmente representaba integrar una categoría superior. Creo que estos dos factores fueron determinantes a la hora de la decisión final.

Documento del Alicante F.C. cediendo los derechos del jugador Pepín a favor de la UD Las Palmas.

Después de dar su consentimiento al traspaso fue presentado a dos señores que no conocía de nada y que luego resultarían ser el entrenador del equipo amarillo D. Luis Valle y el directivo del club que había sido comisionado para gestionar dicha operación, D. Jerónimo Mejías Pérez, los cuales después de duras negociaciones lograrían formalizar el contrato, recibiendo el club alicantino 350.000 pesetas de las de entonces más la cantidad de 150.000 pesetas, estipuladas en su prima de fichaje.

El entrenador de la UD Las Palmas D. Luis Valle Benítez.

 

El directivo Jerónimo Mejías Pérez comisionado al efecto en la gestión del fichaje de Pepín.

Cuando abandonó el entrenamiento aquella fría mañana del mes de enero nunca pudo imaginarse que a muchos de aquellos compañeros no los volvería a ver en el transcurso de su vida. Luego vendría aquél viaje que según sus palabras había sido un auténtico calvario. El avión era un DC3 con dos motores de hélices. El vuelo hacía escala primeramente en Sevilla para luego desde allí partir para Tetuán. Posteriormente se dirigirían hasta Casablanca donde repostarían siguiendo rumbo a El Aaiún. Desde este territorio se vieron obligados a tomar tierra en Sidi- Ifni haciendo escala durante un tiempo hasta partir definitivamente hacia la isla de Gran Canaria.

Al llegar al Aeropuerto de Gando les estaba esperando con su coche de marca americana el directivo amarillo D. Manuel Aguiar Márquez quien gentilmente les condujo a la antigua sede social de la Plazoleta Luis Antúnez nº 1. Al bajar del coche con su ligero equipaje se produjo un elocuente silencio. Solía hacer referencia Pepín con relativa frecuencia a la cara de asombro y estupor del presidente D. Eufemiano Fuentes y su junta directiva al verle llegar. Algunos dirigentes, reunidos en la sala presidencial se pronunciaron con comentarios de muy mal gusto, haciendo referencia a su corta estatura, poniendo en tela de juicio su verdadera valía y acierto en su contratación. En ese momento dudó de coger sus maletas y marcharse de nuevo a casa. Sin embargo, con el transcurso de los años llegó a comprender que, acostumbrados a guardametas de la envergadura física de un Montes, Gorrín o González era en cierta medida lógico que les embargara ese temor.

D. Manuel Aguiar Márquez, directivo y médico colaborador de la entidad.

Después de estampar su firma por el club amarillo recogió su equipaje y se dirigió con D. Manuel Aguiar a la concentración del Hotel Santa Brígida donde los jugadores de su nuevo equipo aguardaban la hora del partido con el Celta de Vigo.

Recordaba Pepín que al entrar al comedor la plantilla daba buena cuenta de la cena. Sin mediar palabra alguna y sin ser presentado a sus nuevos compañeros tomó asiento en una mesa de cuatro junto a un amplio ventanal que daba al jardín.

Tan sólo dos días antes entrenaba con su antiguo equipo en Alicante y allí estaba en aquel momento cumbre para sus aspiraciones en la portería de la Grada Curva defendiendo los colores de la UD Las Palmas en un partido de gran responsabilidad.

Licencia federativa del jugador José Casas Gris (Pepín) por la UD Las Palmas.

 

Pepín el día de su debut, festividad de Reyes - 6 de enero de 1952-.

La fotografía o instantánea es inmortalizar un momento supremo. Los reporteros gráficos, liderados por Bonifacio Hernández Gil y su hijo Fernando, con sus máquinas Leika en ristre trataban de captar las escenas más inverosímiles de la magna confrontación. En los prolegómenos del encuentro tendría lugar un emotivo desfile de pancartas. La peña "Ateneo los Amigos" (Pala) sería quien rompería el fuego del entusiasmo popular. Ubicada en el idílico marco de la Playa de Las Canteras prestó importantes aportaciones a la sociedad de la época en general y a nuestro club en particular. Sus mensajes sabios en contenido y sana ironía, llevaban el aliento al aficionado que disfrutaba del desfile de pancartas con inusitado deleite y fruicción.

A continuación vino la Peña de la Plaza España, que contaba con un enorme respaldo popular. Sus seguidores eran mayormente del barrio de La Isleta y tenían como lugar de encuentro la farmacia de D. Emilio Curbelo, máximo benefactor del proyecto.

Se daba la circunstancia que D. Emilio era muy amigo del farmacéutico de San Mateo, quien a remolque del éxito que había tenido esta peña, fundaría otra que llevaría el nombre de su municipio: "Los de San Mateo estamos aquí". Posteriormente desfilarían peñas como las del Círculo Mercantil, Club Las Palmas o Peña El Refugio. Iban casi todas provistas de instrumentos musicales y el ruido que hacían en el recinto deportivo era tan ensordecedor e infernal que en ocasiones sobrecogía a los contrarios.

En la imagen, pancarta perteneciente a la Peña "Los de San Mateo estamos aquí".

El aficionado, que es el auténtico juglar de la realidad, recogía los cánticos del acerbo popular y los difundía por tradición oral. Estribillos como "Arriba de ellos", que había derivado en la expresión coloquial "Arriba d´ellos" al haberse producido una elipsis fonética por pérdida de vocal, era muy socorrido; "tápame tápame", "canta y no llores" o "triqui triqui tri-Ra" se hicieron muy populares, pero sería, sin lugar a dudas, el inconfundible "Riqui Raca", heredado de los clubes históricos,  nuestro signo de identidad musical más representativo, pasando con el transcurso del tiempo a formar parte del argot futbolístico de nuestra isla. Todas las gradas del Estadio Insular eran un auténtico clamor:

 

 

Riqui-Raca

Sin-bon-baca

Sin-bon-ba

Urra-urra-urra

Las Palmas-Las Palmas-¡Aaaah!

 

Esta última exclamación final derivó al poco tiempo  en la otra más conocida de: "Las Palmas, Las Palmas y nadie más". No había aficionado que permaneciera inerte o indiferente a este grito de aliento. Personas de todas las clases sociales y edades aunaban esfuerzos, corazones y voluntades por una causa común llevando el equipo canario en volandas hacia la victoria.

La salida de la UD las Palmas al campo en ese Día de Reyes, con Pepín a la cabeza, entre vítores, tracas, voladores y confetis fue realmente apoteósica dejando una huella indeleble en nuestra memoria. El Estadio Insular registraría ese día un lleno hasta la bandera. Cuando el joven guardameta Pepín encaminó sus pasos hacia la portería de la Grada Curva fue recibido con una ovación de gala que hizo estremecer a todos los presentes. El guardameta valenciano tenía por costumbre habitual dar dos golpes en cada palo de la portería antes del comienzo del encuentro. Apenas sonado el pitido inicial, a los seis minutos de juego, el delantero gallego  Hermida, aprovechando una in decisión de la defensa local, remata un gran disparo al ángulo izquierdo haciendo inútil la estirada de Pepín. El Estadio Insular, testigo inerte de épicas confrontaciones parecía enmudecer. Tras el gol, los espectadores, sorprendidos de su corta estatura no pudieron evitar ciertas reticencias y dudas, pero el excelente cancerbero tenía unas magníficas condiciones para su demarcación y había venido desde muy lejos con el firme propósito de triunfar. Conforme resolvía el peligro y blocaba con su clásico "fecho", gran seguridad  y espectaculares "palomitas" todos los balones que llegaban a su dominio, los aficionados comenzarían a aplaudir con auténtico fervor sus intervenciones.

Instantánea de la Grada Curva del Estadio Insular donde el guardameta Pepín defendería los colores de la UD Las Palmas por primera vez.

Tenía Pepín una destreza sobrenatural para fijar y detener el balón, así como agilidad, reflejos, colocación y, a pesar de su corta estatura, increíble anticipación en el juego aéreo. Tras el gol de Hermida, el once amarillo, plagado de bajas en aquel encuentro, comenzaría a serenar su juego, inclinando a su favor el dominio al que se había visto sometido con anterioridad, consiguiendo milagrosamente dar la vuelta al resultado con espectaculares goles del delantero Gallardo y el francés Luciano. Los minutos finales resultarían dramáticos con un Pepín inconmensurable y una afición entregada, pidiendo insistentemente la hora al colegiado asturiano Blanco y Pérez. Al pitido final el público puesto en pié, despedía a Pepín con una prolongada y sentida ovación, convirtiéndose a partir de aquel día de su debut en un verdadero ídolo para nuestra afición.

Cromos del Celta de Vigo de la temporada 1951/52 con el jugador Hermida, autor del primer gol del encuentro.

 

El guardameta Pepín era poseedor de una gran agilidad, fecho y sentido de la anticipación. En la imagen sujetando un balón en su primer partido ante el Celta de Vigo. Su estilo y entrega cautivaría a los aficionados canarios que tuvieron en el inolvidable portero valenciano a  uno de sus ídolos indiscutibles.

El tiempo ha seguido su inevitable curso y, a partir de esa imborrable fecha, innumerables han sido las vivencias, efemérides o sensaciones experimentadas en el Estadio Insular. Algunos futuristas enemigos de la conservación de todo patrimonio pasado podrán argumentar que con los signos de progreso se hacía necesario su demolición, pero el fútbol no deja de ser una identificación emocional y de poco nos sirve el progreso si no hay vida en nuestro interior. El Estadio Insular nos hacía partícipes del grandioso espectáculo y sus llenos apoteósicos eran un barómetro irrefutable del sentimiento colectivo de los ciudadanos.

Para finalizar este artículo, me gustaría tener un emocionado recuerdo de todos los profesionales que tuvieron la inmensa fortuna de vestir gallardamente los colores amarillos en este templo sagrado de nuestro fútbol. También llevar a la consideración y estimación del lector el laborioso trabajo durante tantos años de sus funcionarios que contribuyeron fervientemente con su esfuerzo en incrementar la grandeza del recinto deportivo y por ende el prestigio de nuestra institución.

Porteros del Estadio Insular con sus respectivas taquillas bajo las órdenes del jefe de personal D. Federico Romero Montenegro, conocido popularmente como Federico "El Estupendo".

No me gustaría estar físicamente presente el día de su desaparición. Será seguramente en la oscuridad de la noche y sin previo aviso. Sin embargo, en verdad y sin eufemismos, no me ruboriza confesar el profundo pesar y sentimiento de orfandad que me habrá de embargar ese día y, haciendo míos los versos del poeta inglés William Wordsworth, transcritos hace ya varias décadas en los volúmenes de la historia de la UD Las Palmas, tristemente evocar:

 

Aunque ya no volverán

los días de la lluvia en las flores

y  el esplendor en la hierba

no debemos afligirnos

porque la belleza de los momentos vividos

perdurará eternamente en el recuerdo.

UDLP / Twitter UD Las Palmas