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El verdadero caso Valerón

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25/04/2014 09:37

 

 

EL VERDADERO CASO VALERÓN

 

 

Y  VER JUGANDO A LA LUNA

DULCEMENTE CON EL MAR

Néstor Álamo

 

Con esta hermosa metáfora impregnada de profundo lirismo compondría el genial autor Néstor Álamo su tema "noche en Arguineguín".

Grabada por primera vez en Madrid en la voz de su joven musa y mejor intérprete Mary Sánchez, quien popularizó y dio a conocer la mayoría de sus canciones en los inicios de la década de los cincuenta.

Sin embargo, el espíritu de aquel primitivo y paradisiaco lugar ha ido agonizando con el transcurso del tiempo y sus grandes y frondosas arboledas de laureles, cañaverales y flores autóctonas rodeadas de grandes charcos de agua pura y cristalina han sido pasto de los signos de progreso y secular desforestación.

Retrotrayéndonos a la década de los setenta la acción se desarrolla en un barrio de pescadores de la pequeña localidad de El Pajar.

Playa de El Pajar (Arguineguín).

Juan Carlos Valerón nacería el 17 de junio de 1975 y como todos sus hermanos su primer hogar sería en este hermoso paraje de Arquineguín.

Se educó en un estado de inocencia. De extracción rural y de profundas convicciones religiosas supo aprender desde muy corta edad los valores y conceptos  característicos de las familias sufridas y humildes, y a vivir en la adversidad.

De aquellos críos que jugaban en los solares entre campos de lodo reseco y bosques de cañas y flores silvestres, sobresalía con cierto resplandor un niño de aparente vulnerabilidad, delgado y cierto desaliño en su fisonomía exterior, pero poseído también como los dioses griegos, de una sufrida fortaleza. Un niño que desprendía un aura de magia y en contacto con el esférico, éste parecía adquirir vida propia.

Muy pronto iría germinando su carácter independiente y creativo en su forma de vida.

Acorde con su origen rural, donde reinaba una paz monacal, muy pronto comenzaría a familiarizarse con su universo onírico.

Lo suyo, desde muy niño, era estar en contacto con el balón, adiestrándose durante horas hasta olvidar el regreso a casa.

En su juego había un componente transgresor, una personalidad intransferible.

En aquellas noches estrelladas y cálidas pensaba en su estrecha relación con el balón.

Teniendo como paradigma ejemplarizante a su hermano Miguel Ángel, ficha aún en edad infantil en el Arguineguín donde comienza su verdadero aprendizaje futbolístico.

Si bien es verdad que grandes educadores como Pedro Lasso, Pillo o Juan Manuel Rodríguez realizaron una generosa y loable formación didáctica sobre el chico, no es menos cierto que Juan Carlos Valerón era poseedor de un don sobrenatural innato y estaba predestinado desde su nacimiento a marcar una época en el fútbol contemporáneo.

El jugador sureño ingresa en la UD Las Palmas.

Siguiendo la estela marcada por su hermano, ingresa en la UD Las Palmas el 28 de agosto de 1993 con ficha juvenil, siendo el club amarillo presidido por Luis Sicilia García.

Consejo de Administración de la UD Las Palmas SAD presidio por Luis Sicilia García.

Sus inicios fueron en el Juvenil de la entidad amarilla hasta incorporarse a Las Palmas Atlético la temporada siguiente donde comienza a configurar su propia biografía.

La obtención de la preciada Copa Federación a nivel nacional y su extraordinaria proyección y alto rendimiento le llevan a compaginar sus entrenamientos con el primer equipo, donde llega a participar en amistosos.

La plantilla de Las Palmas Atlético tras la llegada al Aeropuerto de Gran Canaria con la Copa Federación.

Sus comienzos, a pesar de su gran calidad no fueron tan fáciles. Era un joven en proceso de formación y el club amarillo tenía una plantilla muy experimentada, simultaneando la titularidad con la suplencia.

Su debut en la UD Las Palmas se produce en un encuentro de Copa del Rey ante el Mensajero de La Palma, siendo dirigido el equipo amarillo por Pacuco Rosales.

Temporada 1995/96 que culminaría con el feliz ascenso a 2ª División.

De izquierda a derecha: Adrián Déniz (Presidente), Juan Manuel Rodríguez, Pacuco Rosales y Octavio García.

 

Formación de la temporada 95/96. De izquierda a derecha, de pié: Eduardo, Paquito Juan Carlos Valerón, Manolo, Víctor Afonso y Eléder. Agachados: Jaume,Marcelino, Socorro, Eloy y Guillermo.

 

Juan Carlos Valerón: Camino de perfección.

Como todos los genios del balompié, el arte de Juan Carlos Valerón generó desde un primer momento discursos y comentarios. Era preciso recuperar la utopía alejándose de todo lo que era masificado y gregario… Su fútbol renacentista  –el jugador como centro del universo-  era un paraíso de ideas y un ejercicio de conciencia individual. No era un futbolista biológico u orgánico sujeto a un guión preestablecido, sino que desbordaba los límites convencionales.

Juan Carlos Valerón.

Su gama de recursos técnicos sería tarea ingente de enumerar. Desde sus pasos milimétricos mirando al lado contrario con una irreductible originalidad hasta su visión panorámica oxigenando el campo con su fútbol de diseño, ofreciéndonos la expresión más exacta de una poética del balompié.

Al igual que otros jugadores geniales de épocas pretéritas sólo concebía el fútbol como un credo estético, logrando darle al juego ese tono de uniformidad y equilibrio.

El jugador de la UD Las Palmas Juan Carlos Valerón mostrándonos su peculiar estilo en un encuentro en el Estadio Insular en su primera etapa.

Sublime o inefable según Kant es todo aquello que en comparación parece minúsculo. Reside en el sentimiento y emoción que produce la presencia de algo infinito, ilimitado. Un jugador sideral en permanente estado creativo.

Sus grandes triunfos en el Deportivo y en el fútbol nacional en general ya tienen una dimensión épica.

Compromiso contractual con el club argentino Lanús, fundamental en la ulterior trayectoria del jugador.

La plantilla de la UD las Palmas, en su tradicional visita a la Virgen del Pino en la Basílica de Teror. Forman en la fila superior: Manolo, Sandro, Dragan, Randjelovic, Tony, Simionato, Espejo, Víctor, Carmelo Campos, Antonio de Armas, David, Octavio García y Juan Carlos Valerón. En la fila central: Eléder, Guillermo, Blazo, Aparicio, Walter Pico, Paquito, Juani, Ángel Rodríguez y Padrón. En primera línea: Asier, Miguel Ángel, Marcelino, Orlando, Grande, Vidal, Lampón, Pacuco Rosales, Merino González y Norberto Rodríguez.

 

Tras la consecución del añorado ascenso a 2ª División Nacional, la corporación cabildicia que ostentaba la mayoría accionarial ve el momento idóneo de capitalizar el club y ceder su carga económica y responsabilidad al tejido empresarial.

De regreso a casa, en pleno vuelo, los jugadores amarillos alzan sus copas de champán en señal de brindis por el merecido ascenso.

La plantilla del ascenso visita Destilerías Arehucas por gentil invitación de Rafael Méndez.

Con la euforia desatada tras el ascenso y la llegada al club de Gerencia Deportiva con su ambicionante proyecto de retornar a la División de Honor en un corto periodo de tiempo, se abren nuevas expectativas y la masa social vuelve a recuperar la ilusión perdida.

Con la finalidad de garantizar el objetivo deseado, el nuevo Consejo de Administración no repara en gastos de contratación de jugadores a efectos de configurar su plantilla, haciéndose con los servicios de los futbolistas argentinos "Turu Flores", Walter Pico y Simionato. La contratación de este último tenía en una de sus estipulaciones la disputa de un encuentro en el Estadio Insular.

"Turu Flores", Walter Pico y Simionato.

Este partido con el Lanús habría de ser providencial en el futuro del jugador de Arguineguín porque pese a la indiscutible clase del conjunto argentino que obtendría un valioso empate, la UD Las Palmas sería superior en todos los terrenos, sobresaliendo en la medular Juan Carlos Valerón, una joven promesa que deleitaría al graderío con fintas continuadas y dulces desplazamientos de balón. Era sin duda el nacimiento de una estrella en el firmamento futbolístico insular.

 Como se pudo constatar, el técnico del equipo argentino Héctor Cúper no dejaba de ponderar en el transcurso del encuentro con exclamaciones de admiración a viva voz la depurada técnica y habilidad del jugador de Arguineguín.

Al finalizar el choque, dirigiéndose a varios directivos amarillos comentaría con rotundidad: "¡Este flaco es bárbaro! ¡Ya lo quisiera tener en mi equipo! ¡Tiene un fútbol oceánico!"

Héctor Cúper.

Aquellas palabras quedaron grabadas en mi memoria y aunque en aquellos momentos, dada la interinidad del jugador en la formación titular, pudieron haberme parecido una hipérbole desmesurada, se convertirían con el transcurso del tiempo en una profecía irrefutable.

El técnico argentino Héctor Cúper, conocedor del interés mostrado por el Mallorca en contratar sus servicios obtiene todos los informes posibles del jugador canterano.

Respetando todos los criterios y opiniones de técnicos de las diferentes comisiones deportivas del club y su excelente trabajo de formación, hemos de significar en honor a la verdad que Cúper fue un entrenador visionario y quien mejor supo ver las cualidades reales del jugador en tan corto periodo de tiempo. También, reconocido por el propio jugador, quien mejor supo potenciar sus carencias en su primera etapa deportiva, fortaleciendo su potencial físico con un trabajo diario especial.

A partir del encuentro con el club argentino comienzan los rumores de una posible oferta del club balear y la tímida voluntad de la UD Las Palmas por ampliar su contrato, aún en vigor.

Con el paso de los años, coincido con Cúper en un almuerzo entre directivas en la capital del Turia. El técnico argentino y su jugador predilecto habían seguido rumbos diferentes en sus respectivas trayectorias deportivas. Me senté a su lado y allí bajo aquellos fogones de un típico restaurante valenciano, me contaría hilo por hilo, todos los pasos que se vio obligado a dar para adquirir el jugador; su visión, aprendizaje y valoración personal.

Ante todos los presentes de ambas directivas y representación de jugadores veteranos del club, no se recató en dar su sincera opinión: "en lo que a mí respecta lo veo todo muy claro. Juan Carlos Valerón es el mejor centrocampista europeo; lo dije en su momento cuando no era nadie y lo hago también ahora que ya comienza a convertirse en una figura consagrada.

By night fall (cuando cae la noche). La llegada volcánica y torrencial del jugador británico Vinny Samways.

Tras el precipitado e inesperado cese del técnico de La Isleta, Pacuco Rosales, el club se hace con los servicios del entrenador argentino Ángel Cappa, quien después de analizar con rigurosidad su plantilla requiere con celeridad un medio centro.

Ángel Cappa.

El ex directivo amarillo Manuel Betancor tenía noticias de un jugador inglés a través de un agente sueco residente en la isla, Mikel Egnell, que solía frecuentar el Real Club de Tenis de Gran Canaria. El futbolista británico respondía al nombre de Vinny Samways, que se había declarado en rebeldía en el Everton tras continuos desencuentros con su entrenador Joe Royte, toda una institución en el segundo club de la ciudad de Liverpool.

A la caída de la noche Vinny Samways llegaba con gesto cansado y de pocos amigos al Hotel Santa Catalina, donde tendría una reunión con varios dirigentes del club y el Director General de la entidad Sabino López. Al no llegar a un entendimiento en las estipulaciones pactadas, fundamentalmente por las  dificultades de comprensión del lenguaje, el jugador británico se altera considerablemente, manifestando airadamente su expreso deseo de regresar a Londres.

Vinny Samways.

Así las cosas, a la una de la madrugada, recibo una llamada del adjunto a la Secretaría General y coordinador de filiales José De la Rosa, quien me pone al teléfono al Consejero Ángel Luis Tadeo. Al otro lado de la línea podía oír las "dulces palabras" de Vinny dedicadas a los presentes. Ángel Luis con voz entrecortada y aparente nerviosismo me ruega hacer acto de presencia en el hotel, con la finalidad de solventar el problema, que resultó ser meramente de interpretación semántica. El jugador reclamaba que todo su mobiliario y pertenencias le fueran traídas desde  Southampton y abonadas por el club, aparte de un coche de alto standing. Si bien eran ciertas las reclamaciones del jugador, el contrato no especificaba con claridad quién debería abonar su traslado. A partir de esa fecha, por razones obvias y de manera fortuita me convierto en la sombra del jugador inglés, que requiere por el bien del club toda mi atención.

José De la Rosa.

 

Ángel Luis Tadeo.

 

Los jugadores amarillos Paquito y Miguel Ángel Valerón, que tenían un nivel intermedio de inglés me ayudaron mucho en mis ausencias. Ambos solían acudir a mi despacho en los archivos del club, y conocedores de mi formación británica y condición de ex docente me preguntaban todo tipo de dudas respecto a conceptos gramaticales o de fonética y fonología.

Con la llegada de Vinny Samways, mi despacho en los archivos del club se convertiría en una especie de tutoría de lengua y literatura inglesa.

Los hermanos Valerón vivían en una casa propiedad del club cercana al Estadio Insular, donde también residían algunos jugadores foráneos. Muy pronto todos hicieron grandes lazos de amistad.

Paquito.

 

Miguel Ángel Valerón.

El entrenador Ángel Cappa solía llamarme diariamente con la finalidad de cambiar impresiones sobre el jugador británico. Los miércoles solíamos ir a almorzar con Vinny y su esposa Tracy a efectos de discutir todo tipo de dificultades que pudieran amenazar la trayectoria del equipo. Ángel Cappa traía sus notas llenas de flechas y números y le iba indicando a Vinny los movimientos a seguir en el campo. Yo haría las funciones de intérprete.

Un buen día, mientras dábamos cuenta del almuerzo, Ángel me pidió preguntarle qué jugador marcaba diferencias, a su criterio, dentro del equipo. El jugador inglés, que no conocía de dobleces y era un ejemplo de lealtad, se deshizo en elogios hacia todos sus compañeros para añadir finalmente que había algo que no acertaba realmente comprender. Tras dudar unos instantes exclamó en su lengua materna: "no consigo entender cómo en una plantilla modesta y de tantas carencias como la nuestra, un jugador del nivel de Juan Carlos Valerón no es titular indiscutible. De igual forma no me puedo explicar cómo no se han fijado en él los mejores clubes europeos. En mi dilatada trayectoria profesional he visto pocos jugadores de su calidad, talento y sabiduría futbolística".

El técnico argentino, que se caracterizaba por tener un agudo sentido del humor, tras unos segundos de reflexión, nos dijo: "aunque no lo crean, les he hecho esta pregunta porque de igual forma he venido pensando yo en estos meses. De aquí en adelante todo será diferente. El jugador tendrá una mayor participación. A mi buen amigo Ángel no le dieron tiempo de demostrarlo ya que varios resultados adversos motivaron su cese, siendo sustituido en el cargo  por el entrenador canario Paco Castellano.

Paco Castellano.

 

El verdadero caso Valerón y las causas de su marcha al club balear.

En su primera etapa en el club amarillo Juan Carlos Valerón adquiere ficha profesional el 4 de noviembre de 1995, aunque ya con anterioridad había firmado como Amateur Compensado, causando baja el 21 de julio de 1997, con un total de 64 encuentros disputados entre Copa y Liga y 6 goles contabilizados.

Primer contrato profesional de Juan Carlos Valerón con la UD Las Palmas, siendo el club presidido por D. Fernando Arencibia Hernández.

 

Su último encuentro defendiendo la elástica amarilla tiene lugar en el estadio Salto del Caballo ante el Toledo CF el 15 de junio de 1997 donde la UD las Palmas vencería por el resultado de cero tantos a tres con gol magistral de nuestro protagonista.

Juan Carlos Valerón posando para la cámara de Naranjo el año de su marcha de la entidad amarilla.

 

Muchos comentarios se han vertido sobre su salida del club y la mayoría de ellos sin fundamento ni conocimiento de causa, dañando de forma inmerecida la imagen del jugador y vulnerando su sentido del honor y el valor a la palabra dada.

Fernando Arencibia Hernández.

Presidente de la UD Las Palmas

 

El lugar donde se desarrollaron los hechos.

Si bien es verdad que previamente en años anteriores cuando presidían el club Fernando Arencibia y Adrián Déniz habían existido arduas negociaciones entre los rectores del club y la familia del jugador sin resultado positivo, debido a la duda que aún existía sobre el jugador como promesa futura y su valoración económica, los motivos de la ruptura y desenlace final se desarrollaron con posterioridad en un  diferente escenario.  

Alineación de la UD Las Palmas en la temporada 96/97.

De izquierda a dercha, de pié: Santi Lampón, Manuel Pablo, Simionato, Juan Carlos Valerón y Walter Pico.

De rodillas: Orlando, Eléder, Asier, Paquito, Víctor y "Turu Flores".

 

¡A las cuatro de la tarde en los archivos del club!

Con estas mismas palabras se dirigió a mí su hermano Miguel Ángel Valerón, vía telefónica desde Arguineguín antes de mi llegada a la sede social de Pío XII, 29. Al preguntarle las razones de su urgencia me respondió: "quiero tratar un tema muy serio contigo sobre el porvenir de mi hermano Juan Carlos y me gustaría contar con tu ayuda a la hora de negociar con el Director General Sabino López. Es una decisión muy firme, consensuada con mi familia y espero que la sepan valorar en su justa medida".

Comprendí que era un tema a tratar de forma personal y adelanté esa tarde mi llegada a la sede social.

Eran justamente las cuatro de la tarde cuando Miguel Ángel Valerón llegaba a la entidad. Tras los saludos de rigor le invité a mi despacho de los archivos del club con la sana disposición de oírle atentamente.

Mi presencia y ayuda no tenía ningún carácter oficial, ejecutivo o jurídico ya que por esas fechas mis funciones en la entidad no tenían carácter oficial. Asumía el cargo de historiador y Relaciones Institucionales del club y no eran esas mis competencias.

Al día de hoy, a pesar de ser miembro del Consejo, siguen siendo las mismas por voluntad propia ya que siempre he creído que cada persona debe saber cuáles son sus limitaciones y qué cargo debe desempeñar en el organigrama del club según sus conocimientos.

El mensaje fue directo y sin ninguna concesión a la frivolidad. "Mi hermano Juan Carlos ha recibido una oferta del Mallorca de cincuenta millones de pesetas y el agente del Mallorca Sr. Santos está dispuesto a hacer uso del Decreto de Resolución Contractual al amparo del Real Decreto 1006/1985".

Documento del Decreto 1006/1985 de la Real Federación Española de Fútbol.

 

Me quedé paralizado  y viéndome afectado por la noticia prosiguió: "aquí todos saben de la calidad de mi hermano; llevamos con este tema años pero no se le valora de igual forma que otros jugadores. A pesar de su clase y proyección de futuro es de los jugadores peor pagados de la plantilla. De hecho, sabes que hay futbolistas canarios que se les paga esa cantidad y con todos los respetos, reconociendo su enorme valía, no tienen el nivel de proyección de mi hermano. No quiero dar nombres porque tú sabes de memoria todos los contratos que existen en este despacho. Como un gesto de amor al club estamos dispuestos a rebajar diez millones de la cifra total pero sabes que somos una familia modesta y humilde, sin padre y con muchas carencias y tenemos que velar por el porvenir de mi hermano y mi madre".

El historiador Antonio de Armas en los archivos de la entidad.

Me parecieron sinceras y justas sus palabras. En el club no solo llegaban a esa cantidad jugadores canarios, sino que por poner un ejemplo, Walter Pico, Simionato y no digamos "Turu Flores" o Vinny Samways  entre sus contratos federativos y  de imagen doblaban esa cantidad aparte de dietas, viajes a sus respectivos países, casa, coche de alto standing…

Le dije que dada la proyección de su hermano y las cifras de otros contratos era muy optimista al respecto y estaba seguro de un acuerdo.

La llegada a la sede social del Director General Sabino López.

El Director General Sabino López García llegaría sobre las cinco de la tarde. Si algo había que reconocerle era su honestidad en el trabajo. Comenzaba su tarea diaria a las ocho de la mañana permaneciendo en el club hasta las tres de la tarde. Tras dos horas de descanso, que utilizaba mayormente para practicar deporte en las instalaciones del Real Club Náutico de Gran Canaria, regresaba al club a las cinco. En su mesa, una lata de galletas inglesas o un simple yogur para mitigar en la medida de lo posible el almuerzo. La hora de cerrar no se sabía nunca aunque raramente salía antes de las doce de la noche. Las visitas y colas de proveedores, acreedores, agentes, comisiones deportivas, consejeros y jugadores eran interminables. Su personalidad tan controvertida y en ocasiones adusta era a veces necesaria ante tantos ataques y adversidades que se veía obligado a afrontar y soportar en situaciones precarias.

Cuando llegó entraron a mi despacho varios miembros del club. Les pedí que me ayudaran. Mis relaciones con el Director General no eran en aquel momento las mejores, aunque también nos apreciamos y comprendimos durante su trayectoria en el club.

Sabino López García, Director General de la UD Las Palmas.

 

Los miembros de la entidad allí presentes escucharon las mismas reivindicaciones de Miguel Ángel Valerón. Mientras, yo les pedía que se las trasladaran a Sabino López que ya había entrado en su despacho.

Tras una hora larga Miguel Ángel y yo permanecimos en mi despacho a la espera de acontecimientos. Yo trataba de darle ánimos haciéndole saber que todo se arreglaría pero a mi pesar todo se tornó gris y desolador. La persona que había actuado como interlocutor llegó a los archivos y nos dijo de forma tajante: "¡El Director General necesita ver la oferta para comprobar su veracidad  y con respecto a las cantidades no puede modificarlas en lo más mínimo!"

No entendía nada, traté de llamar a todas las personas vinculadas deportivamente al jugador pero todo fue inútil.

Miguel Ángel Valerón con gesto circunspecto y grave, me confesó su amarga decepción al despedirse; ya no solo se trataba de las negociaciones económicas sino el no creer en un principio tan fundamental en su vida como era el valor a la palabra dada.

Al bajar las escaleras de la sede me dijo: "¡Todo está dicho. Si la realidad consiste en  no creer en la oferta y mis palabras no hay nada más que hablar!"

Tras un fuerte apretón de manos lo acompañé hasta la puerta principal del club. En los días siguientes tenía la esperanza de que las negociaciones dieran un giro copernicano y se llegara a un principio de acuerdo.¡Todo fue inútil!

En honor a la verdad muchos jugadores y técnicos solían inventarse ofertas inexistentes con la finalidad de presionar al club en las negociaciones contractuales. El Director General del club Sabino López, conocedor de esta circunstancia y defendiendo a su criterio los intereses del club, no dio en un principio veracidad a la oferta. Su "error" fue no percatarse quizás de la jerarquía de valores de la familia Valerón y sus principios morales. Todas las personas tenemos diferentes códigos de honor y conductas de comportamiento.

Con respecto a los entrenadores que contaron con los servicios del jugador tenían todos un mismo criterio. La alta valoración y calidad técnica de Juan Carlos Valerón eran complementos insuperables pero según todos le faltaba foguearse, adquirir experiencia y condiciones físicas. El club contaba con jugadores experimentados y las ligas que le tocó vivir fueron realmente dramáticas donde el equipo había ascendido con todos los honores.

Distribuidores de culpas.

Decía Thomas Hobbes que el hombre era un lobo para el hombre y no le faltaba razón. Todos nos convertimos en distribuidores de culpas viendo siempre los errores y faltas en los demás.

Si bien es verdad que el Director General Sabino López no dio veracidad a la oferta de Juan Carlos Valerón, no es menos cierto que no fue sólo él quien colaboró en tan errónea decisión.

Muchos creen ver en Sabino López el verdadero causante de todos los males del club y en realidad hablan sin conocimiento de causa. Aunque pueda parecer una nimiedad o lugar común, todas las personas en la vida tenemos virtudes y defectos y no debemos situarnos nunca en los extremos. Sin pretender rayar en la pedantería ya Aristóteles nos decía en la Antigua Grecia que "la verdad estaba en el justo medio".

Si bien es verdad que el Director General tenía amplios poderes ejecutivos, solía consultar los asuntos con los miembros del Consejo de Administración, especialmente con Gerencia Deportiva en la figura de Germán Suárez o Ángel Luis Tadeo, que era el consejero más implicado en cuestiones deportivas, sin  subestimar  la opinión de otros miembros del club.

El Presidente de la UD Las Palmas y miembro de Gerencia Deportiva Germán Suárez Domínguez en compañía de Antonio de Armas en el Estadio Insular.

 

Desde la neutralidad que da la racionalidad y el paso del tiempo, en rigor, todos tuvimos nuestro porcentaje de culpa en mayor o menor medida. Si nos despojáramos de nuestro orgullo y obráramos con valentía tendríamos que reconocer y admitir con humildad que nadie supo ver en Valerón el jugador que llegaría a ser en el futuro y a sus escasas apariciones en la cancha me remito. Todos sabíamos de la calidad que atesoraba el jugador pero también señalábamos sus carencias e inexperiencia. Sólo Cúper tuvo la clarividencia de ver en él al mejor centrocampista europeo –según sus propias palabras- en aquel mismo momento que lo vio jugar en el Insular y tuvo las ideas muy claras en cuanto a fortalecer al jugador físicamente con un trabajo específico.

Pasaron unos días tras aquella agria e improductiva reunión. Una tarde escucho una voz grave pronunciar mi nombre en la entrada principal del club y salgo a su encuentro. Era un hombre voluminoso, cuyo peso le impedía caminar y respirar con normalidad. Al estrechar mi mano se presentó como el Sr. Santos, agente del club balear. Tras breve introducción me hizo saber que el RCD Mallorca haría uso del Decreto de Resolución Contractual al amparo del Real Decreto 1006/1985, abonando como indemnización a la sociedad deportiva la suma de trescientos millones de pesetas, haciéndose con los derechos del jugador.

Más tarde, a la llegada de Sabino López a la sede del club, ambos discutieron las condiciones de la negociación de forma airada. Sólo se oía la voz de barítono del Sr. Santos que parecía llegar a  todas las dependencias de la entidad.

La única verdad es que cuando se verificó y constató la realidad de la oferta del club mallorquín, los rectores de la entidad hicieron lo imposible por dar marcha atrás, no sólo igualando la oferta del club balear sino mejorándola pero como ya había anunciado Miguel Ángel Valerón, era demasiado tarde.

Tras una feliz estancia en el RCD Mallorca donde comienza su verdadera eclosión futbolística, el club balear hace el negocio de su vida traspasando al jugador al Atlético de Madrid hasta terminar recalando en el Deportivo de La Coruña donde se integra a la Edad de Oro del club gallego.

Su contribución a la Selección Española es también sumamente relevante con 46 participaciones en la Selección Absoluta, jugando dos competiciones europeas y un mundial.

Juan Carlos Valerón luciendo los colores de la Selección Nacional.

 

Cada vez que el jugador llegaba a nuestra ciudad era abucheado no sólo al salir al terreno de juego, sino cuando tenía el balón en su poder. Los insultos eran sumamente hirientes y humillantes. Yo permanecía callado aunque sabiendo toda la verdad de los hechos, el sentimiento de culpabilidad me invadía todo el cuerpo hasta preferir retirarme del estadio en más de una ocasión. Existía una dicotomía difícil de solventar. Si bien era indigno y cobarde dejar masacrar  y satanizar a una persona por una falta que no había cometido y que la afición en general desconocía, no era menos cierto que yo había nacido y crecido con los antiguos valores del club donde la discreción  y el secretismo de Casa Real eran los principios máximos a seguir. Me costó mucho dar este paso hace dos años cuando Juan Carlos llegaba con su club, el Deportivo de La Coruña, al Estadio de Gran Canaria.

Todos debemos entonar el mea culpa y asumir nuestro porcentaje de implicación. En rigor, las personas que estábamos en el club en aquellos momentos no supimos leer las posibilidades ni el futuro próximo que le aguardaba al jugador. De igual forma,  el trabajo que se requería para convertirlo en uno de los mejores centrocampistas del globo terrestre. Reconocer nuestros errores, decía Séneca, es nuestra mayor virtud.

El regreso de un amigo.

Juan Carlos Valerón posa para la cámara de Carlos Díaz en presencia del Consejero e Historiador Oficial del club Antonio de Armas.

 

La agonía de los dioses.

Aún perteneciendo a esa generación de futbolistas de culto y manteniendo el espíritu creativo de sus épocas pretéritas al igual que nuestra forzada salida del Estadio Insular, los cosas no ocurren por casualidad.

Próximo a cumplir 39 años, como es natural, sus condiciones físicas y agilidad mental no pueden ser las mismas. Juan Carlos Valerón tiene ya un lugar en el Olimpo de los Dioses del balompié y sabe que también envejecer es el arte de aceptar con sabiduría indeclinable derrota… Añoro el respeto secular en los estadios de las generaciones que nos antecedieron.

El jugador isleño ha sido fiel embajador del más genuino fútbol canario y una de nuestras glorias balompédicas.

El jugador Juan Carlos Valerón luciendo de nuevo los colores de la UD Las Palmas.

 

Desnudo de toda arrogancia, siempre se ha movido en el mundo de los afectos. Su lenguaje parco y sencillo queda lejos de la impostura y no ha necesitado nunca de la lisonja o el verbo fácil para ganarse el aprecio y admiración de todos los estamentos sociales y deportivos de la nación.

Desde estas páginas me gustaría agradecerle todos los momentos felices que nos ha brindado con su fútbol ornamental.

Sala de Prensa del Estadio de Gran Canaria.

El jugador Juan Carlos Valerón el día de su presentación a los medios informativos acompañado del presidente de la entidad, Miguel Ángel Ramírez y el Presidente de Honor del club, Germán Dévora Ceballos.

 

Juan Carlos Valerón regresa a la isla que le vio nacer viviendo sus otoñales días futbolísticos. En puridad, es un último aliento de servicio a un club que sus antepasados un día ya muy lejano decidieron que habría de llevar por nombre: UD Las Palmas. Alguien dijo que los canarios somos capaces de las mayores proezas pero la historia nos dice que también hemos sido antropófagos de nuestra propia gente y su obra.

El presidente de la entidad, Miguel Ángel Ramírez, fue el auténtico artífice del regreso al club del jugador de Arguineguín.

En la instantánea, en el Estadio de Gran Canaria el día de su presentación.

 

Ahora se nos  brinda la oportunidad de saldar una inmensa deuda de gratitud con un jugador que ha paseado con orgullo nuestra isla por cuatro continentes.

El fútbol no deja de ser un instrumento de cohesión social y él ha sido un fiel transmisor de valores cívicos y éticos.

Los canarios de pensamiento elevado y alteza de miras debemos dar ejemplo de ello.

 

 

 

 

 

UDLP / Twitter UD Las Palmas