¿Por qué no juegan un sólo partido por mí? (Jean-Marc Bosman)
Esta pregunta la formuló quién, posiblemente, haya sido el futbolista más determinante fuera de un terreno de juego. Jean-Marc Bosman (Bélgica, 1964) consiguió, el 15 de diciembre de 1995, cambiar completamente el sistema de traspasos vigente en el fútbol europeo, cuando el Tribunal Europeo de Justicia le dio la razón en su lucha por abrir las fronteras. Pitido inicial a la ley Bosman y el futbolista, como cualquier otro trabajador, entraba de lleno en la Unión Europea.
Una vez finalizada la relación contractual de Jean-Marc Bosman con el RFC Lieja, recibió una oferta de renovación con reducción del 75% y, como era de esperar, la rechazó, por lo que el club lo declaró transferible. Anterior a esta ley, los jugadores no eran libres de fichar por otro club, incluso después de haber terminado contrato. El Dunkerque, equipo de la segunda división de Francia, se interesó en su fichaje, pero los belgas reclamaron una opción de compra y los franceses se opusieron. El jugador tampoco obtuvo el certificado de libertad internacional y, de esa forma, se le negaba el derecho de empleo como futbolista profesional. Consecuentemente, Bosman demandó al RFC Lieja y a las autoridades belgas y europeas del fútbol, argumentando que el sistema de traspasos existente impedía que los deportistas de la Unión Europea tuvieran el derecho a la libre circulación de empleo.
El éxito del fútbol, tan populista como efímero, convirtió a un humilde futbolista en una ley, se adueñó de su nombre y sentó jurisprudencia. Desde entonces, la ley Bosman ampara a un buen número de deportistas, facilitando su libre movilidad y libertad de contrato, pero, asimismo, obligó a los clubes de fútbol a incluir clausulas de rescisión, aumentó el poder de los representantes y se empezó a asociar el término mercenario con la pérdida de identidad de los futbolistas hacía “sus equipos”. Además, durante los años posteriores, surgió la picaresca de los antecedentes europeos para obtener pasaportes comunitarios y las principales ligas de Europa se llenaron de jugadores extranjeros, en claro detrimento de los nacionales.
Pero, durante todos estos años, ajeno a su discreto pasado futbolístico y notable repercusión mediática, Bosman ha atravesado períodos complicados de alcohol y miseria. Una dualidad que, sin dejar de ser sorprendente, demuestra la inconsistencia de un negocio que se mezcla con la vida. Pelea jurídica, lucha personal y la cruel realidad de haberse enfrentado a uno de los más terribles adversarios; la bebida. La legislación se adaptó, el fútbol ganó y Bosman perdió.
Seguramente, la mayoría de los futbolistas actuales no hayan oido hablar de él ni de su ley, pero es de recibo recordarlo porque, desde su anonimato futbolero, consiguió mejorar las condiciones de los deportistas, ampliando fronteras y globalizando, aún más, el fútbol. Ahora vuelve a la actualidad porque se cumplen 25 años... de un partido ganado en los tribunales aunque, al mismo tiempo, de una vida perdida en el olvido. El fútbol y los futbolistas le deben una.