El fútbol se convirtió el pasado domingo 9 de agosto en el punto de encuentro para los niños de Mesillas Bajas, Guatemala. De 14:00 a 18:00 horas, decenas de menores participaron en un torneo organizado por jóvenes de Hakuna en el marco del Compartiriado que la asociación está desarrollando en el país centroamericano.
La competición contó con dos categorías. En la Liga de Mayores, para niños de 12 a 16 años, participaron cinco equipos de seis jugadores, proclamándose campeón el Equipo Amarillo. En la Liga de Pequeños, para menores de 7 a 11 años, compitieron otros cinco conjuntos de doce jugadores, con el Equipo Azul como vencedor.
Más allá de los resultados, el objetivo era ofrecer a los niños un espacio para jugar, compartir y disfrutar, alejados durante unas horas de las responsabilidades que muchos asumen desde muy pequeños. Algunos trabajan en el campo junto a sus familias y otros cuidan de hermanos, personas mayores o familiares enfermos.
La jornada incluyó también la entrega de material a los ganadores. Los seis integrantes del equipo campeón de mayores recibieron equipaciones de entrenamiento y balones, mientras que los doce niños del equipo vencedor de pequeños recibieron camisetas, sudaderas, gorras, mochilas y banderines. Además, se entregaron cortavientos a los hombres que cuidan de la parroquia y acompañan a los niños durante todo el año.
Mientras se disputaban los partidos, también se organizaron actividades para las niñas, como pintacaras, y un baile durante la entrega de premios.
Una experiencia para compartir la vida
El torneo formó parte del Compartiriado de Hakuna, que entre el 1 y el 15 de agosto llevó a alrededor de un centenar de jóvenes a Guatemala para compartir la vida con diferentes comunidades y poner sus capacidades al servicio de los demás.
Durante su estancia, los participantes colaboraron en colegios y residencias de ancianos, ayudaron en la construcción de una iglesia, trabajaron junto a religiosas y visitaron a familias para conocer de cerca sus realidades.
Estas visitas permitieron descubrir las dificultades que afrontan muchas familias y, especialmente, algunos niños que deben asumir responsabilidades impropias de su edad.
Por eso, el torneo quiso ser mucho más que una competición deportiva: una oportunidad para que los niños pudieran correr, reír, jugar con sus amigos y sentirse protagonistas de una jornada pensada para ellos. Una tarde en la que el fútbol sirvió como herramienta para compartir y disfrutar juntos.